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Palantir: la tecnología detrás de la nueva guerra

Palantir: la tecnología detrás de la nueva guerra

Parte 2

En la primera parte de este análisis intenté mirar la guerra de Ucrania desde un lugar diferente: no solamente desde los territorios ocupados, los misiles, los drones o las pérdidas humanas, sino desde algo menos visible: los datos que produce una guerra y las empresas que pueden convertir esos datos en tecnología militar.

Para continuar esa investigación quiero detenerme en una empresa que aparece repetidamente en este nuevo escenario: Palantir Technologies.

Conocí el tema a partir de los artículos de Nate Bear, particularmente de su reciente análisis sobre Ucrania. Bear sostiene que Palantir se ha integrado profundamente en los sistemas militares ucranianos y que Ucrania se convirtió en una suerte de laboratorio para tecnologías de rastreo, vigilancia, inteligencia artificial y selección de objetivos. Su lenguaje es deliberadamente fuerte y sus conclusiones son políticas; por eso prefiero tomar sus afirmaciones como punto de partida y contrastarlas con documentos oficiales y otras fuentes.

Y al hacer ese ejercicio aparece algo que, a mi entender, resulta todavía más interesante que el propio argumento de Bear.

Algunas de las cosas que él plantea pueden comprobarse directamente en fuentes ucranianas y militares occidentales.

¿Qué es Palantir?

Palantir es una empresa estadounidense de tecnología especializada en análisis de datos, inteligencia artificial y sistemas de información utilizados por gobiernos, fuerzas armadas y empresas.

Fue fundada en 2003 y tuvo desde sus primeros años una relación muy estrecha con organismos de seguridad e inteligencia de Estados Unidos.

Su importancia actual no está en fabricar un tanque o un misil.

Está en otra parte.

Palantir trabaja sobre la información que permite decidir qué hacer con un tanque, un misil, un dron o un satélite.

Ese cambio es fundamental.

La guerra industrial del siglo XX estaba dominada por fábricas capaces de producir grandes cantidades de armas.

La guerra tecnológica del siglo XXI agrega otra materia prima:

los datos.

Gotham

Uno de los sistemas más conocidos de Palantir es Gotham.

Su función general es integrar grandes cantidades de información provenientes de distintas fuentes y permitir que usuarios autorizados puedan analizarla dentro de una misma plataforma.

En un conflicto militar esto puede significar trabajar simultáneamente con información geográfica, inteligencia, imágenes, sensores, comunicaciones y otros conjuntos de datos.

La cuestión fundamental no es que Gotham sea un arma en el sentido tradicional.

Es que puede convertirse en una infraestructura para organizar la información que precede a una decisión militar.

Y ahí comienza a desaparecer una frontera que durante mucho tiempo parecía evidente:

la frontera entre software y armamento.

Maven

El nombre que más aparece en esta discusión es Maven.

El Departamento de Defensa estadounidense desarrolló el denominado Project Maven para utilizar inteligencia artificial y aprendizaje automático en el análisis de imágenes y otros datos obtenidos mediante sistemas de vigilancia.

Palantir se convirtió posteriormente en uno de los principales proveedores de tecnología relacionada con Maven.

Esto es importante porque significa que la inteligencia artificial ya no está siendo utilizada únicamente para tareas administrativas o para analizar información comercial.

También puede intervenir en la interpretación de información obtenida en el campo de batalla.

Y aquí aparece una palabra que para mí resulta clave:

velocidad.

Una persona puede mirar miles de imágenes y tratar de encontrar patrones.

Una máquina puede procesar cantidades enormes de información en tiempos mucho menores.

La ventaja militar deja entonces de ser únicamente quién tiene más armas.

También puede ser:

quién puede transformar más rápidamente información en una decisión.

MetaConstellation

Hay otro sistema que me llamó particularmente la atención: MetaConstellation.

Un informe del Ejército estadounidense sobre las lecciones de la guerra Rusia-Ucrania identifica a Palantir entre las empresas privadas que aportan capacidades de inteligencia geoespacial y señala que MetaConstellation puede integrar distintos servicios satelitales para observar áreas de interés, medir cambios y mantener vigilancia continua. El documento menciona específicamente aplicaciones como el seguimiento de movimientos enemigos y el apoyo a operaciones de precisión. (Medios de Defensa)

Esto vuelve a modificar mi manera de mirar una imagen satelital.

Antes podía pensar:

satélite → fotografía.

Ahora la cadena puede ser mucho más compleja:

satélite → datos → procesamiento → inteligencia artificial → identificación de actividad → análisis → decisión militar.

El satélite deja de ser simplemente una cámara en el espacio.

Se convierte en un sensor dentro de una red.

Ucrania: el dato que cambia todo

Pero llegamos al punto que considero más importante.

En enero de 2026, el Ministerio de Defensa de Ucrania anunció oficialmente el lanzamiento de Brave1 Dataroom, una plataforma desarrollada conjuntamente con Palantir.

¿Para qué sirve?

Para entrenar y probar modelos de inteligencia artificial utilizando datos reales obtenidos durante la guerra.

El propio Ministerio de Defensa ucraniano explica que la plataforma contiene conjuntos de datos visuales y térmicos de objetivos aéreos, incluidos drones Shahed, obtenidos a partir de materiales recogidos por militares. Los desarrolladores ucranianos pueden utilizar esos datos para entrenar y validar modelos destinados a detectar y clasificar objetivos y desarrollar sistemas autónomos de interceptación. (Міністерство оборони України)

Aquí es donde entiendo por qué Nate Bear utiliza la expresión “laboratorio”.

No necesito aceptar su lenguaje para reconocer el fenómeno que describe.

Una guerra real está proporcionando datos reales para entrenar sistemas reales de inteligencia artificial militar.

Y eso está documentado por el propio Gobierno de Ucrania.

Más de cien empresas

La historia se vuelve todavía más significativa cuando aparecen las dimensiones.

En junio de 2026, el Ministerio de Defensa ucraniano informó que más de cien empresas ucranianas ya tenían acceso a Brave1 Dataroom y estaban entrenando modelos de inteligencia artificial con datos reales.

El Ministerio menciona aplicaciones como guiado autónomo de drones, navegación sin GPS y análisis automatizado de información de inteligencia. (Міністерство оборони України)

Esto significa que ya no estamos hablando simplemente de una empresa estadounidense trabajando para un gobierno extranjero.

Estamos observando la formación de un ecosistema tecnológico militar.

Palantir aporta infraestructura tecnológica.

Ucrania aporta necesidades operativas y datos del campo de batalla.

Empresas ucranianas desarrollan soluciones.

Los sistemas se prueban en condiciones reales.

Y las tecnologías resultantes pueden volver al campo de batalla.

Es un circuito de innovación extraordinariamente rápido.

Y aparece algo todavía más sensible: los datos de la guerra

Cuando pienso en esto, aparece una pregunta que no había considerado inicialmente:

¿Quién es dueño del conocimiento producido por una guerra?

Porque una cosa es destruir un tanque.

Otra completamente distinta es registrar:

cómo fue detectado;

desde qué distancia;

con qué sensor;

qué firma térmica tenía;

qué comportamiento mostró;

qué interferencia electrónica existía;

qué trayectoria siguió;

qué sistema logró interceptarlo;

cuánto tiempo tardó;

qué error cometió el algoritmo;

y qué modificación permitió corregirlo.

Todo eso puede transformarse en datos.

Y los datos pueden convertirse en modelos.

Y los modelos pueden convertirse en productos.

Por eso la guerra moderna tiene una dimensión económica que no siempre aparece en los partes militares.

Del campo de batalla al mercado

El Ministerio de Defensa ucraniano describe explícitamente Brave1 Dataroom como un instrumento para acelerar el desarrollo de una nueva generación de tecnologías militares.

En enero de 2026 explicó que la plataforma estaba orientada inicialmente a detectar e interceptar amenazas aéreas y que las tecnologías podían avanzar hacia sistemas autónomos. (Estado Digital UA)

Esto plantea una cadena que, para mí, merece ser observada con atención:

guerra → datos → entrenamiento → algoritmo → prueba → producto militar.

Y después puede aparecer otra etapa:

producto militar → exportación → otro ejército → otro campo de batalla.

La guerra se transforma entonces en un acelerador tecnológico.

Israel aparece en esta misma red

Y acá aparece una conexión que considero particularmente importante.

Palantir también mantiene una relación con el Ministerio de Defensa de Israel.

La propia empresa reconoce que su trabajo con el Ministerio de Defensa israelí comenzó después de los ataques del 7 de octubre de 2023 y que estableció una asociación estratégica con ese ministerio para apoyar misiones relacionadas con la guerra. Palantir rechaza, por otra parte, algunas acusaciones sobre vigilancia y afirma que sus sistemas no están diseñados para facilitar vigilancia ilegal. (Palantir)

Por lo tanto, cuando miro Ucrania e Israel simultáneamente, aparece una misma empresa tecnológica trabajando con dos Estados inmersos en guerras diferentes.

No significa que las dos guerras sean iguales.

No significa que los sistemas utilizados sean idénticos.

Y tampoco permite afirmar automáticamente que Palantir sea responsable de las decisiones políticas o militares de esos Estados.

Pero sí permite observar algo concreto:

la misma industria tecnológica participa en distintos escenarios militares.

Ucrania, Israel y Estados Unidos

Y hay un tercer vértice: Estados Unidos.

Palantir trabaja desde hace años con el Departamento de Defensa estadounidense.

En 2025, además, la OTAN anunció la adquisición del Maven Smart System NATO, describiéndolo como un sistema habilitado por inteligencia artificial para mejorar la integración de datos, el conocimiento del campo de batalla y la velocidad de la toma de decisiones militares.

Eso introduce otra dimensión.

Ya no tenemos simplemente:

empresa → Ucrania.

Tenemos:

empresa → Estados Unidos → OTAN → Ucrania → Israel.

No es una estructura única ni significa que todos esos gobiernos compartan exactamente los mismos sistemas.

Pero sí existe una circulación de tecnologías, conocimientos, datos y capacidades entre estos actores.

La guerra empieza a parecerse a una plataforma tecnológica

Esto es, quizá, lo que más me inquieta de todo este asunto.

Cuando pienso en una guerra tradicional, imagino una relación relativamente simple:

Estado → fábrica → arma → soldado → campo de batalla.

La nueva estructura parece mucho más compleja:

Estado → empresas tecnológicas → datos → satélites → inteligencia artificial → drones → sensores → algoritmos → operadores → objetivos → campo de batalla → nuevos datos.

Y después el circuito vuelve a comenzar.

El campo de batalla alimenta nuevamente al sistema.

Eso significa que cada operación militar puede producir información para mejorar la siguiente.

La guerra aprende.

¿Dónde queda el ser humano?

Hay otra pregunta que no puedo evitar.

Si una máquina puede detectar un objeto, clasificarlo, calcular una trayectoria, sugerir un objetivo y eventualmente orientar un sistema de ataque, ¿en qué momento deja de ser una herramienta y empieza a convertirse en un actor de la decisión?

Por ahora, no todo está automatizado.

Y sería incorrecto decir que una inteligencia artificial decide por sí sola todas las acciones militares.

Pero la tendencia tecnológica es evidente: cada vez más etapas del proceso militar pueden ser asistidas o automatizadas por sistemas de IA.

Ucrania está desarrollando precisamente tecnologías para detectar e interceptar objetivos aéreos de manera autónoma. Su propio Ministerio de Defensa lo presenta como uno de los objetivos de Brave1 Dataroom. (Міністерство оборони України)

Eso abre un debate que excede ampliamente a Ucrania.

Porque mañana esas tecnologías pueden utilizarse en otros conflictos.

Y entonces vuelvo a Nate Bear

Nate Bear plantea esta cuestión desde una posición mucho más crítica.

En su artículo sobre Palantir afirma que Ucrania está funcionando como un laboratorio para tecnologías de vigilancia y guerra basada en inteligencia artificial. (Scheerpost)

Yo no necesito adoptar todas sus conclusiones para considerar que hay una pregunta válida detrás de ellas:

¿Quién se beneficia tecnológicamente de una guerra prolongada?

Porque mientras un país pierde infraestructura, población y territorio, algunas empresas pueden acumular algo completamente diferente:

experiencia.

Experiencia sobre drones.

Experiencia sobre sensores.

Experiencia sobre inteligencia artificial.

Experiencia sobre guerra electrónica.

Experiencia sobre satélites.

Experiencia sobre procesamiento de datos.

Y esa experiencia tiene valor económico y estratégico.

No solamente armas: conocimiento

Quizás este sea el punto que más me interesa dejar planteado.

Durante mucho tiempo hablamos de la industria militar pensando en fábricas de armas.

Hoy deberíamos empezar a pensar también en una industria del conocimiento militar.

El producto puede no ser visible.

Puede ser un algoritmo.

Una base de datos.

Un modelo de inteligencia artificial.

Un sistema de reconocimiento.

Una plataforma para integrar satélites.

Un programa capaz de organizar información proveniente de miles de sensores.

Y una vez desarrollado, ese conocimiento puede ser utilizado mucho después de que termine la guerra que ayudó a producirlo.

Mi conclusión

Después de revisar los argumentos de Nate Bear y contrastarlos con documentación oficial ucraniana, informes militares estadounidenses y las propias declaraciones de Palantir, llego a una conclusión más moderada que la de Bear, pero también más difícil de ignorar.

La guerra de Ucrania está funcionando como un acelerador de la guerra tecnológica.

Eso no significa que haya sido creada para beneficiar a las empresas tecnológicas.

Tampoco significa que todas las empresas que participan tengan como objetivo prolongar la guerra.

Pero sí significa que la guerra está generando algo que antes no existía en semejante escala:

una enorme cantidad de datos reales para desarrollar, entrenar y perfeccionar tecnologías militares.

Y esos datos están siendo utilizados.

Palantir participa.

Ucrania participa.

Empresas ucranianas participan.

Estados Unidos participa.

La OTAN incorpora algunas de estas capacidades.

Israel también mantiene una relación militar con Palantir.

Y la tecnología desarrollada puede trascender el conflicto que la produjo.

Por eso, cuando miro nuevamente el mapa de Ucrania, ya no veo solamente una guerra entre Rusia y Ucrania.

Veo también otra guerra, menos visible:

la carrera por controlar los datos, desarrollar la inteligencia artificial y construir las armas que definirán los próximos conflictos.

Y quizás ésta sea una de las grandes preguntas que deberíamos hacernos:

¿Estamos solamente asistiendo a una guerra, o también estamos presenciando el nacimiento de la industria militar de las próximas décadas?

Nota de rigor: en esta segunda parte hice deliberadamente una distinción entre las afirmaciones de Bear y lo que pude corroborar. Por ejemplo, la existencia de Brave1 Dataroom, su utilización de datos reales de combate y la participación de Palantir están documentadas oficialmente por Ucrania; no dependen de la interpretación de Bear. (Міністерство оборони України) En cambio, afirmaciones más fuertes sobre que una empresa utiliza deliberadamente a la población ucraniana como “conejillos de indias” pertenecen a la interpretación de Bear y no las presento como hechos comprobados. (Scheerpost)


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