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Palantir, Israel y la nueva frontera de la guerra

Palantir, Israel y la nueva frontera de la guerra
Parte 3
Después de escribir las dos primeras partes de esta investigación, me quedó una pregunta dando vueltas.
Si Ucrania se convirtió en uno de los grandes escenarios donde se están desarrollando y probando tecnologías de guerra basadas en datos e inteligencia artificial, ¿qué ocurre cuando miro hacia otro de los grandes escenarios bélicos de estos últimos años?
Israel.
Y particularmente Gaza.
No quiero repetir lo que ya expliqué sobre Palantir ni volver a describir uno por uno sus sistemas. En esta parte quiero mirar otra cosa: la relación concreta entre la empresa y el aparato de defensa israelí, qué está documentado y qué afirmaciones, muy difundidas, no puedo confirmar.
Porque cuando se habla de inteligencia artificial y Gaza aparecen inmediatamente nombres como Lavender, Gospel y Where's Daddy?. Y muchas veces esos sistemas son atribuidos directamente a Palantir.
Pero cuando uno revisa las fuentes, la historia resulta bastante más compleja.
Enero de 2024
El primer dato que me parece imposible de ignorar es una fecha:
12 de enero de 2024.
En plena guerra entre Israel y Hamas, Palantir anunció una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa de Israel para proporcionar tecnología destinada a apoyar las operaciones relacionadas con la guerra.
La empresa informó que su director ejecutivo, Alex Karp, y su cofundador Peter Thiel habían viajado a Israel y se habían reunido con funcionarios de defensa.
La descripción oficial fue deliberadamente amplia: tecnología de Palantir para apoyar “misiones relacionadas con la guerra”.
No se publicó en ese momento un listado detallado de los sistemas que serían utilizados ni de las operaciones concretas en las que intervendrían. (Palantir)
Para mí, este punto es fundamental.
La relación militar existe.
No necesito especular para demostrarla.
La propia Palantir la anunció.
¿Por qué importa?
Porque Palantir no llegó a Israel como una empresa tecnológica cualquiera.
Llegó con una experiencia acumulada en inteligencia, defensa, análisis de datos y operaciones militares.
Y además venía de una posición pública de fuerte apoyo a Israel después de los ataques del 7 de octubre de 2023.
La empresa incluso realizó por primera vez una reunión de su directorio en Tel Aviv y manifestó públicamente su respaldo a Israel. (Palantir Inversores)
Esto me lleva a una primera conclusión, mucho más sencilla que algunas de las afirmaciones que circulan en Internet:
Palantir decidió involucrarse directamente con el aparato de defensa israelí durante la guerra.
Eso está documentado.
Lo que no está documentado públicamente con el mismo nivel de precisión es qué producto concreto fue utilizado en cada operación militar.
Y ahí es donde tenemos que ser cuidadosos.
Lavender no es Palantir
Uno de los puntos más repetidos en los análisis sobre inteligencia artificial en Gaza es que Palantir habría desarrollado Lavender, el sistema utilizado por la inteligencia militar israelí para identificar posibles integrantes de Hamas.
Pero hay un problema.
No encontré evidencia pública suficiente para afirmar que Lavender fue desarrollado por Palantir.
De hecho, Palantir lo niega expresamente.
En una respuesta enviada en 2025 al relator especial de Naciones Unidas sobre derechos humanos, la empresa afirmó que no proporcionó la tecnología utilizada por Lavender ni participa en ese sistema. También negó estar involucrada en Gospel. (Palantir)
Esta aclaración es importante porque no significa que Palantir no trabaje para Israel.
Significa otra cosa:
no podemos convertir automáticamente una relación de cooperación militar en la afirmación de que Palantir construyó todos los sistemas de inteligencia artificial utilizados por Israel.
Son dos afirmaciones diferentes.
Y yo prefiero mantener esa diferencia.
Entonces, ¿qué sabemos de Lavender?
La existencia de Lavender fue revelada en investigaciones periodísticas basadas en testimonios de miembros de la inteligencia israelí.
El sistema habría sido utilizado para procesar grandes cantidades de información y generar recomendaciones sobre personas consideradas vinculadas con Hamas.
El problema que plantean esas investigaciones no es solamente tecnológico.
Es humano.
Porque cuando un algoritmo procesa millones de datos y produce una lista de personas que podrían ser consideradas objetivos, la pregunta inevitable es:
¿quién controla la decisión final?
¿Un operador?
¿Un oficial?
¿Un sistema automático?
¿Con qué margen de revisión?
¿Con qué información?
¿Con qué posibilidad de error?
Estas preguntas son mucho más importantes que saber qué empresa aparece en el logotipo del software.
Gospel
Con Gospel ocurre algo parecido.
También ha sido descrito como un sistema israelí de inteligencia artificial utilizado para generar o priorizar objetivos.
Pero nuevamente:
no encontré evidencia pública que permita atribuir su desarrollo a Palantir.
La propia empresa niega expresamente esa relación. (Palantir)
Esto me parece especialmente importante porque una investigación seria no debería necesitar exagerar una acusación para demostrar que existe un problema.
Ya tenemos un hecho suficientemente relevante:
Palantir tiene una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa israelí durante una guerra.
No hace falta convertirla en responsable de tecnologías que la evidencia disponible no permite atribuirle.
Pero entonces, ¿qué hace Palantir en Israel?
Aquí aparece una zona gris.
Palantir ha reconocido que trabaja desde hace años con instituciones israelíes y que su actividad abarca el sector gubernamental, defensa e inteligencia.
En una respuesta a organizaciones de derechos humanos, la empresa explicó que su trabajo de defensa con el Ministerio de Defensa israelí comenzó después del 7 de octubre de 2023.
También afirmó que sus productos incorporan principios relacionados con el derecho internacional humanitario y la reducción del daño a civiles. (Palantir)
Pero la empresa no publica públicamente todos los detalles operativos de sus contratos de defensa.
Y esto produce una dificultad evidente.
Sabemos que existe la relación.
Sabemos cuándo fue anunciada.
Sabemos que tiene una finalidad vinculada a la defensa y a la guerra.
Pero no tenemos acceso público a cada flujo de datos, cada algoritmo, cada unidad militar usuaria ni cada operación concreta en la que pudo intervenir tecnología de Palantir.
Por eso no puedo afirmar responsablemente:
“Palantir seleccionó tal objetivo en Gaza”.
No tengo evidencia suficiente para decirlo.
Sí puedo decir:
Palantir proporcionó tecnología al aparato de defensa israelí durante la guerra y la propia empresa reconoce esa asociación. (Palantir)
El verdadero problema puede ser más grande que Palantir
Y aquí mi investigación vuelve a cambiar de dirección.
Porque quizás estamos cometiendo un error si concentramos toda la discusión en una sola empresa.
Israel posee desde hace años una de las industrias de defensa y tecnología militar más desarrolladas del mundo.
Tiene sistemas propios de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, drones, guerra electrónica, satélites y análisis de datos.
La inteligencia militar israelí desarrolló sus propias capacidades de inteligencia artificial.
Por lo tanto, sería simplista imaginar que existe una única empresa estadounidense detrás de la tecnología utilizada en Gaza.
No es así.
Lo que existe es un ecosistema.
Y Palantir es una pieza dentro de ese ecosistema.
Una nueva forma de hacer la guerra
Esto me lleva a una cuestión que me interesa mucho más que la discusión sobre una empresa determinada.
La inteligencia artificial está modificando la relación entre:
información → identificación → decisión → ataque.
Antes, una gran parte de ese proceso dependía de personas que observaban, comparaban información y decidían.
Ahora cada vez más herramientas pueden:
buscar patrones;
cruzar bases de datos;
analizar imágenes;
comparar movimientos;
detectar anomalías;
clasificar objetos;
reconocer vehículos;
identificar posibles amenazas;
y priorizar información para los operadores.
Eso no significa que la máquina haya reemplazado completamente al ser humano.
Pero sí significa que la máquina puede intervenir cada vez antes en la cadena de decisión.
Y cuanto más rápido se vuelve el proceso, más difícil puede resultar para una persona revisar cada elemento que contribuyó a una recomendación.
El problema de la velocidad
Hay algo que me preocupa particularmente.
En una guerra tradicional, la velocidad de las armas estaba limitada por el ser humano.
Un comandante recibía información.
La analizaba.
Consultaba.
Tomaba una decisión.
Transmitía una orden.
Hoy podemos imaginar un sistema donde esos intervalos se reducen drásticamente.
Datos provenientes de satélites.
Drones.
Sensores.
Cámaras.
Comunicaciones.
Bases de datos.
Inteligencia artificial.
Todo puede ser procesado casi simultáneamente.
La ventaja militar pasa entonces a depender también de cuánto tiempo necesita un ejército para convertir información en acción.
Y ahí aparece un dilema:
cuanto más rápido sea el sistema, menos tiempo queda para cuestionar la información que lo alimenta.
¿Y qué pasa con el error?
Una máquina puede ser extraordinariamente eficiente procesando datos.
Pero eficiencia no significa necesariamente verdad.
Un algoritmo puede recibir información incompleta.
Puede trabajar con datos contaminados.
Puede interpretar incorrectamente un patrón.
Puede recibir una clasificación errónea.
Puede reproducir errores presentes en los datos originales.
Y en un campo de batalla, un error estadístico no es simplemente un error estadístico.
Puede convertirse en una persona muerta.
Por eso la cuestión de la inteligencia artificial militar no debería reducirse a:
“¿La IA es buena o mala?”
La pregunta correcta, para mí, es otra:
¿Quién responde cuando una decisión asistida por una máquina termina provocando un daño irreversible?
Gaza como advertencia
No quiero utilizar la expresión “laboratorio” de manera liviana.
Una población civil no debería ser considerada un laboratorio.
Pero sí creo que Gaza permite observar algo que ya se había visto en Ucrania:
la guerra está acelerando tecnologías que luego pueden incorporarse a otros sistemas militares.
Y eso tiene una dimensión histórica.
La Primera Guerra Mundial aceleró determinadas tecnologías industriales.
La Segunda Guerra Mundial impulsó el radar, la aviación, la cohetería y la computación.
La Guerra Fría llevó la carrera tecnológica al espacio, la electrónica y las comunicaciones.
Ahora podemos estar entrando en otra etapa:
la guerra de los datos y la inteligencia artificial.
Ucrania e Israel: dos experiencias diferentes
No quiero cometer el error de presentar Ucrania e Israel como si fueran conflictos equivalentes.
No lo son.
Sus actores, objetivos, geografías, estructuras militares y circunstancias políticas son diferentes.
Pero existe una coincidencia tecnológica que me parece imposible de ignorar.
En Ucrania vemos una utilización intensiva de drones, datos del campo de batalla, imágenes satelitales, inteligencia artificial y plataformas digitales.
En Israel vemos un aparato tecnológico-militar altamente desarrollado y una creciente integración de inteligencia artificial en las capacidades de defensa.
Y en ambos escenarios aparecen empresas privadas de tecnología.
Una de ellas es Palantir.
Eso es suficiente para formular una pregunta.
¿Estamos viendo el nacimiento de un mercado global de tecnologías de guerra basado en la experiencia obtenida en conflictos reales?
De la guerra al negocio
Hay algo que las guerras modernas tienen en común con cualquier otra actividad económica:
generan mercados.
Una guerra necesita armas.
Pero también necesita:
software;
servidores;
satélites;
comunicaciones;
ciberseguridad;
sensores;
drones;
inteligencia;
análisis de datos;
mantenimiento;
logística;
simulación;
entrenamiento;
y ahora inteligencia artificial.
Eso significa que la frontera entre la industria tecnológica y la industria militar es cada vez más difícil de establecer.
Una empresa que desarrolla una plataforma de análisis de datos puede trabajar para un banco.
Para un hospital.
Para una empresa energética.
Y también para un ejército.
El mismo conocimiento tecnológico puede tener usos civiles y militares.
Es lo que solemos llamar tecnología de doble uso.
Y ahí aparece una pregunta económica que considero fundamental:
¿cuánto del desarrollo de la inteligencia artificial del futuro estará vinculado, directa o indirectamente, a necesidades militares?
Lo que Nate Bear me hizo mirar
Después de leer a Nate Bear, mi primera reacción fue mirar Palantir.
Pero después de revisar las fuentes, terminé mirando algo mucho más grande.
Bear utiliza a Palantir como ejemplo de un proceso que, según su interpretación, está transformando la guerra en una plataforma de experimentación tecnológica.
Yo no afirmaría que todo ese proceso tenga una dirección deliberada ni que las empresas necesiten que una guerra continúe para desarrollarse.
Pero sí puedo comprobar que:
las guerras producen datos;
los datos alimentan sistemas de inteligencia artificial;
las empresas desarrollan tecnologías para procesarlos;
los gobiernos compran esas tecnologías;
y los ejércitos incorporan las capacidades adquiridas.
Ese circuito existe.
Y merece ser observado.
La pregunta que me queda
Después de recorrer Ucrania y ahora Israel, mi pregunta ya no es solamente:
¿Quién fabrica las armas?
Tampoco:
¿Quién gana dinero con la guerra?
Hay una pregunta nueva:
¿Quién está acumulando el conocimiento de la guerra?
Porque un misil se consume.
Un tanque puede ser destruido.
Un dron puede ser derribado.
Pero el conocimiento obtenido durante una operación militar puede permanecer.
Puede almacenarse.
Analizarse.
Convertirse en un algoritmo.
Mejorarse.
Venderse.
Integrarse en otro sistema.
Y utilizarse nuevamente.
Por eso empiezo a mirar la guerra de otra manera.
Quizás el verdadero recurso estratégico del siglo XXI no sea solamente el petróleo, el gas, el litio o los minerales críticos.
Quizás también sea el dato.
Y detrás del dato aparece una nueva cadena:
territorio → guerra → datos → inteligencia artificial → conocimiento → tecnología militar → mercado.
Ahí es donde, para mí, la historia de Palantir deja de ser solamente la historia de una empresa.
Se convierte en una ventana para observar cómo puede estar cambiando la naturaleza misma de la guerra.
Fuentes clave que sostienen esta Parte 3: Palantir reconoció oficialmente la asociación estratégica con el Ministerio de Defensa israelí en enero de 2024; también reconoce que su trabajo de defensa en Israel comenzó después del 7 de octubre de 2023. (Palantir Inversores) La empresa niega específicamente haber desarrollado o participado en Lavender y Gospel, por lo que mantuve esa distinción en el texto. (Palantir)